Insomnio

Nada agradable… lo digo por experiencia propia. Es un sentimiento de ahogo, de impotencia, de desesperación. Todo por no poder dormir, haces de todo para intentar conciliar el sueño y nada resulta. Te cansas de contar ovejas, se te acaba la leche y la miel y aún así no consigues tu objetivo. La horas pasan, el reloj te traiciona, se alargan los terribles segundos. Y parece tan insignificante al decirlo: no puedes dormir. Algo te lo impide, te frena de cerrar los ojos y soñar pero no sabes qué es…

Insomnio

La noche invadió a través de sus cortinas cerradas, cautelosa. Con un profundo dolor había comprobado que todo seguía silencioso y oscuro. Los recuerdos borrosos de un sueño imposible atormentaban sus pensamientos entre la penumbra de su habitación. Había escapado del sin sabor de una habitual pesadilla que dentro de su mente era un sueño. Por un momento se avergonzó de que pudiera haber hablado dormida y de que alguien la pudiera haber escuchado. Otra vez él, dentro de su mente, infiltrado en los rincones más recónditos de su cerebro.

Lo tenía cerca, en una tarde de verano radiante, con una magia que acariciaba el ambiente que los dos compartían. Un abrazo intenso, lleno de cariño que envolvía todo el espacio alrededor de ellos. Los dos se fundían en un momento tierno, él la apretaba contra sí, con dulzura y a la vez con fuerza. Ella apoyaba su cabeza en el hombro de una ilusión que le rompía el corazón todas las noches.

No lograba recordar nada más, el resto estaba distorsionado. La amargura de la oscuridad en la noche se cruzaba con el dulce sabor del sueño y creaba una mezcla indefinida de sentimientos. Se bajó de la cama, incapaz de dormir otra vez. Abrió el cajón de su escritorio y releyó todas las pequeñas notas que él le había dado, todas con un toque ligero de simpatía. El reloj marcaba las cuatro de la madrugada y no se escuchaba ningún ruido cerca, ni siquiera el camión que usualmente sacudía el suelo con su peso. Lo único que lograba escuchar eran sus pensamientos que en eco gritaban un nombre. Con esa sensación agridulce regresó a la cama e intentó cerrar los ojos para dormir.

De repente entraba una sombra a la que nunca lograba verle la cara, la causa de sus pesadillas, la que la hacía sufrir a cantidades con solamente su presencia como arma. Las lagrimas mojaban la almohada de funda azul claro mientras las cobijas se resbalaban de la cama. Lazos fuertes hechos de celos se enredaban en su cuello, la incertidumbre había vuelto a atacar y ésta vez no dejaría escapar a su objetivo. Cinco de la madrugada, la alarma del reloj empezó a sonar pero ella no la escucharía pues estaba sumergida en el lugar que alguna vez ocupó el remoto recuerdo del dueño de su insomnio.

Miopía

Este fue uno de los primeros relatos que escribí, espero que lo entiendan y sobretodo, que lo disfruten. Aquí no parezco muy experta escribiendo ya que todavía era principiante y apenas estaba descubriendo lo que podía hacer.

Cuando hablo de miopía no me refiero sólo a la anomalía que mucha gente (incluyéndome a mí) tiene en los ojos, en este texto la palabra miopía cobra muchos significados. Algunos claros, otros no, el simple hecho de utilizar la imaginación puede hacerte cambiar de definición algunos conceptos.

Miopía

Un borrador elimina la nitidez de las imágenes sin piedad alguna. Arriba un tejado azul y abajo una alfombra verde. Siluetas de diferentes colores caminan a su lado y sin saber a quien, saluda a izquierda y derecha. Va caminando confiando en su oído más que en sus ojos. Después de las manchas que dejó el borrador al pasar, vinieron los garabatos escritos por una voz familiar pero una figura irreconocible. Miró hacia ambos lados para descifrar el significado de los jeroglíficos pero todos entendían un lenguaje que le era imposible leer.

Salido de un atardecer, un girasol ciego giraba hacia la sombra. No lograba mantenerse en su tallo y constantes gotas de agua caían sobre pétalos que se arrancaban lentamente. Manchas rojas de una rosa destrozada salpicaban las páginas de su historia. Un corazón de espinas suplicaba sin saber que no llegaría ninguna respuesta y que los vidrios atravesados en cada suplica no podrían construir ventanas que le permitieran ver claramente. La vida corrió y nunca logró ver nada gracias a la venda que cubría sus ojos. La soledad visitaría su casa pronto para darle la mala noticia, consecuencia de su ceguera.

Los llamados de otra voz gritaban su nombre. No lograba ubicar el lugar del que provenía pero tenía una distorsionada idea del remitente. La noche quebró sin darse cuenta de que también quebraría los cristales maltrechos de un canto nocturno dramático. La vida se escapaba del lugar por culpa de los que allí no habitaban. El color se desvanecía en el aire con pigmentos de lo que nunca se pudo arreglar.

El ruiseñor parado en la rama más alta entonaba su canto hacia las nubes que se movían sin prestar atención. El pasto se inclinaba hacia el lado contrario y las orugas cerraban su capullo para convertirse en las mariposas que estaban destinadas a ser. Un canto dolido llenaba el viento de melancolía. Indescifrable, sin razón alguna e incomprensible para los que no se detenían a entender que unas simples notas musicales podían llegar a ocupar más que una escala.

Una burla, una risa, un llanto. La euforia de la vida se ve cubierta por una dificultad. Queda adivinar que vendrá después, sin la certeza de que la predicción será correcta y sin poder saberlo. Como la película en las ventanas de un carro, logramos ver hacia fuera pero somos incapaces de mirar hacia dentro. De hilos pende un futuro, acompañado de luces azules y borrosas que entran a través de una ventana pero que aún no logramos observar por nuestro grave caso de miopía.

miopia

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