Una y otra vez

Eso me pasa por de nuevo caer en el mismo error, y otra vez equivocarme al hacerte dueño de mi vida, y otra vez pasar los mismos límites sin importar lo que me advirtiera mi intuición. Eso me pasa por una vez más caer en tus redes, y otra vez dejarme llevar por tu corriente, y otra vez intentar conocer otro tú, sabiendo en el fondo que estás vacío en tu interior.

Eso me pasa por confiar mi alma de nuevo en tus manos, tan frágiles de la nostalgia que convirtieron en amor, y de nuevo ver esos ojos de arequipe que me dejan sin habla, que otra vez me quitan este preciado temor. Otra vez caigo en el abismo de tu mirada, tan oscura como noche cerrada. Y en el imán de tus pestañas, que solo son más insistentes en que entre en aquel túnel sin salida.

Eso me pasa por confiar en tu voz de azúcar con panela, a la que accidentalmente le asigné un ligero sabor a canela, a la que las estrellas escuchaban desde su trono, por su tono lleno de ecos que en una cueva oscura piden de nuevo ayuda. Y otra vez cruzo la barrera solo por intentar confirmar que me hablas de nuevo. Y otra vez dejo que las alas de tu sonrisa me seduzcan en una tarde de sol, sin poderme alejar de esa insistencia que me llama todo el tiempo de forma despiadada. Y otra vez estoy sentada frente a ti, sabiendo que no me miras a mí, sino a alguien más en particular, a alguien más en quien confiar, a alguien más a quien lamentar, o alguien más a quien llamar si alguna noche otra vez quieres hablar.

Otra vez concentrado en un lugar en el espacio, que permanece detrás de mi mirada, tú ves una pared de hielo frente a mi mente pero yo veo como te alejas cada vez más de la estela que existe entre los dos. Veo como una vez más me dejas sin poder hablar, con la distancia atravesada en mi garganta y la soledad enlazándose alrededor de mi cuello, con los ojos bloqueados por lágrimas, con una sonrisa quebrantada en mil pedazos, y un corazón congelado en ese mar de frialdad que impusiste frente a mí. Resuena otra vez en mis oídos tu risa desinteresada, la que me dedicaste la última vez que nos vimos, y que un susurro no podrá llevarse de nuevo, como esa vez lo hizo, como sueles hacerlo.

Una y otra vez me pasa, un cambio de confianza con un ligero parpadeo, solo eres picaflor que se lo lleva el viento, o mariposa que a cualquier polen le va sonriendo. Solo eres parte de la marea, y fácil como viniste también te fuiste. Por cada sonrisa alguien pierde la vida y por cada sueño un cardumen se va.

Difícil eres de extrañar y de ver de nuevo después de un tiempo, otra vez siento mareo al verte pasar y ver que en realidad no estás conmigo sino que a mi lado estás mintiendo. Otra ola de ira y tristeza invade mi interior, sin que gaviotas de nuevo vuelen alrededor y sin que una vez más pueda yo comprenderte. Después de todo no es mi trabajo comprenderte, ni quererte, y aún así lo intento, y otra vez lo logro.

Y así pasarán un millón de ciclos lunares, sin saber lo que en realidad buscas. Como olas de tsunami una y otra vez las costas inundas, pero una y otra vez tu alma al mar le susurras.

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