Margaritas

¿Me quiere?… ¿No me quiere?

Una margarita me dijo que su corazón pertenece a alguien más, una margarita me dijo que aún está tratando de olvidar. Ayer esa misma margarita me dio esperanzas y hoy me destroza el corazón. Rompe mis ilusiones con cada uno de sus pétalos, vuelve a repararlas con suspiros. Recoge mis lagrimas, se las lleva con el viento. Esa margarita ahora me dice que no puedo regresar, que su corazón está comprometido, hoy esa margarita me arranca los anhelos y se los guarda para ella.

La misma margarita que un día me prometió que todo iba a salir bien, el mismo jardín que susurraba su nombre. Margarita que me escuchó leer en voz alta los cuentos escritos en el fondo de mi corazón, que nunca abandonó las esperanzas de una película de romance. Hoy toma entre sus manos esas esperanzas y las lanza contra el piso. Un libro, una mirada. Una palabra, una sonrisa. Y a medida que la historia avanzaba, la cercanía aumentaba. Definiciones sin concretar, sueños sin aprobar y una eterna espera mirando el teléfono son lo que me queda.

¿Me quiere?… ¿No me quiere?

Veo su sonrisa en la soledad, sus ojos en la oscuridad. Escucho su risa en el silencio y me resuenan sus palabras mientras camino a casa.

¿Me quiere?… ¿No me quiere?

Porque yo sólo me siento en ese jardín, observando a mi alrededor y contando cada margarita que pierde la vida por él.

 

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Malos hábitos

¿Por qué te vas ahora? Cuando ya estoy acostumbrada a tu dulce sonrisa, cuando ya me tienes hechizada bajo tu mirada. ¿Por qué me dejas así? Con la sed de hablarte y esa mala costumbre de lanzarte miradas furtivas de vez en cuando. No durará mucho, eso ya lo sé. La adicción de tenerte cerca, la obsesión por mirarte a los ojos y el placer de fundirnos en un abrazo como si no hubiera nadie alrededor. Así te vas, como si nada, como si nunca nos hubiéramos conocido, como si yo nunca te hubiera querido. Me dejas con el eco de tu risa resonando en mis oídos, con el fantasma de tus ojos observándome en la oscuridad, con el olor de tu colonia prendido en mi camisa y te me vas al infinito, donde yo no pueda alcanzarte.

Justo cuando ya estaba acostumbrada a estar contigo. Tu fantasma camina detrás de mí, me sigue a todas partes. Las mismas uniformes costumbres de recordarte, el mismo pensamiento repitiéndose en mi mente una y otra vez, mi amor vestido con el uniforme de tu partida. Te despreocupas pues ya no tienes nada en que pensar. Y yo mientras, sigo tratando de quitarme estos malos hábitos de pensar en ti.

Uniform