Relojes

Observaba los relojes por un pasillo en penumbra. Escuchaba el tic-toc sincronizado de todos. Miraba cada uno detalladamente, impresionada por el modelo de cada uno. Le gustaban mucho los relojes, especialmente uno de ellos que le recordaba su hogar. Marcaba las seis en punto de la tarde y el segundero seguía avanzando al compás del día. El reloj que le recordaba las veces que rogaba por ayuda al nadar en contra de la corriente, las veces que la luz se iba y se quedaba sola con todos esos tigres que la atemorizaban y esperaban a ser domesticados.

El minutero se movía ágilmente, señalando cuanto tiempo había pasado sumida entre sus pensamientos. La melodía de aquel reloj le recordaba los miedos que había enfrentado a lo largo de su vida y cantaba las horas para que llegaran los nuevos miedos a invadir su tranquilidad. Se percató otra vez del aspecto burlón del reloj.

Miró hacia ambos lado del pasillo, ese reloj que tanto admiraba la tenía ahora de rodillas, imaginando el futuro que le esperaba detrás de esas delgadas manecillas. Muchos otros relojes en la sala esperaban hablarle pero ella no les prestaba atención pues se quedaba mirando el reloj que apuntaría el momento de irse devuelta a su hogar.

Otra vez el tic-toc penetrando en sus pensamientos, creando una realidad diferente a la que ella vivía. Cerró sus ojos y empezó a escuchar las palabras del reloj en sus oídos, decidió permitir que el aparato marcara su destino. En poco tiempo la cara del reloj había cambiado y ya no se refería al futuro sino al pasado que ella acababa de vivir. El reloj entendía las ganas que tenía de cambiar el pasado y girando sus manecillas hacia el lado contrario pintó en su mente una escena imaginaria de lo que a ella le hubiera gustado vivir en el pasado.

Luego de unos minutos, despertó. Se había quedado soñando despierta de pie. Llevada por el sonido adormecedor de las agujas de su reloj. El aparato que marcó en ella el gusto de poder imaginar una vida diferente. Al unísono, todos lo relojes marcaron la misma hora, siete en punto de la noche. Debía apurarse, su vida la esperaba pero aquel reloj no alcanzó a despedirse de ella.

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