Este amor que contamina

Reina entre nosotros una peligrosa relación, hablar contigo es como domar a un jaguar salvaje que espera inquieto en una jaula. Tus palabras son veneno que acaricia mi oído y me tienta, me tienta a seguirte la corriente. Caminar a tu lado es como rodear a una serpiente en medio del desierto y verte hablar con otra persona es como soportar el frío de la Antártida. Vamos caminando en una cuerda floja, fijándonos en cada paso que damos y compitiendo en quien cae primero.

Voces vivas de amistad resuenan entre los espacios que dejamos vacíos como compañeros, mirar esos lentes de marco negro es como apreciar los nubarrones en el cielo y sostenerte la mirada es como navegar en una tormenta en medio del océano. Tu sonrisa es como una luciérnaga que brilla en la mitad de la oscuridad espantando a todos los fantasmas que por allí rondan. Después de todo nuestra relación es como una bombilla que prende y apaga, que se empaña y se aclara.

Estamos en la cima de una montaña que se nubla, en la que ventea y hace frío, una montaña en la que no para de nevar, en la que los picos de hielo caen sin piedad. Estamos en la mitad de una ciudad olvidada, en ruinas, destruida y empolvada. Estamos dentro de un volcán, la lava cerca de los tobillos subiendo una y otra vez. Estamos en la mitad de una guerra, cada quien de su lado, luchando con arcos y flechas, con tanques y bombas. Tratando de vencer en esta relación venenosa, de bajar por fin de la cuerda floja y de salir de este amor que nos encierra, que nos mantiene unidos el uno al otro, tratando de salir de este adictivo amor que contamina.

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A Thousand Million Years

He just saw her once, in a bookstore. She was checking one of the books of the Agatha Christie collection, he looked into her eyes for less than a second. His cellphone rang but he didn’t pay attention. He had her in his head for about a week, couldn’t sleep, couldn’t think, he wasn’t in love though, one can’t fall in love with a person in just a second.

She saw him once, in a bookstore. He was around the shelf of Gabriel García Márquez’s books, his glance stabbed hers and she looked into his eyes for less than a second. His cellphone was ringing but he didn’t answer, his hand in his pocket most likely to hang the call. She nodded smiling and continued looking at Murder in the Orient Express. That was a very weird moment, she thought but couldn’t stop reproducing it in her mind.

The second their looks crossed seemed to last forever, like a thousand million years passing by. They continued with their lives until they returned to that bookstore some years after, both looking for romance novels.

Silence in between them.

Trying to recognize that look that used to last a thousand million years.

 

Recognize