Esquizofrenia

La realidad es subjetiva y los recuerdos pueden estar algo distorsionados en nuestra mente. Cada quien vive a su manera y nunca podremos ver el mundo desde la perspectiva de alguien más. Todos estamos atrapados en nuestra propia realidad, todos atravesamos nuestra propia esquizofrenia.

Esquizofrenia

La mayor parte del tiempo la pasaba sentado frente al computador escribiendo las aventuras que había vivido a lo largo de su vida. Quería relatarle al mundo lo que le había sucedido durante todo ese tiempo que se alejó de la ciudad. Sus manos escribían ágilmente en el teclado y su mente estaba perdido en las palabras que se reflejaban en la pantalla del ordenador. Mirando a través de sus lentes, vio que alguien se sentaba a su lado para escuchar las historias. No le molestó, él sólo siguió escribiendo.

Buscando en los lugares recónditos de su mente sacaba a la luz todas las famosas anécdotas. Las semanas que pasó navegando por el mar báltico para buscar ballenas, cuando naufragó en las costas de una isla perdida y cuando se perdió en mar abierto en una pequeña canoa. Recordó cuando fue a visitar a la reina de Inglaterra y la invitó a un baile en una elegante gala real. Viajó a las frondosas selvas de Latino América y buceó en los profundos mares. Se ha encontrado con los animales más raros descubiertos por la ciencia: musaraña elefante, wombat del norte, rana oscura de Missisipi… se detuvo en seco y miró por la ventana, se ajustó los lentes y miró hacia donde se había sentado su amigo.

Su carrera como viajero y escritor culminaba con la selección de cuentos que estaba preparando. Estaba a punto de escribir la última palabra cuando sus distorsionados pensamientos sintieron la necesidad de cambiar algunos detalles de las historias que relataba. Sí, había contado los cuentos al revés, debía volver a empezar y la sombra a su lado se esfumó para permitirle concentrarse en lo que escribía.

 

 

 

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Eclipse solar

Decidí hacer esta respuesta en español, normalmente no publico los domingos (es domingo aquí en Colombia) pero voy a hacer una pequeña excepción. Sólo por hoy.

Eclipse solar

Helena era reconocida por tener los ojos más brillantes y con más vida de todo el pueblo, esos ojos le habían dado su nombre. Brillante y resplandeciente como un rayo de sol. Sin embargo se desgastaba sus ojos a diario admirándolo a él. Lo veía siempre, sonriendo como todas las mañanas, iluminando cada minuto de su vida. Desde su ventana podía verlo en todo momento, pasaba todo el día contemplándolo. Cuando se iba lo extrañaba y no podía esperar a que regresara. Los meses se iban volando y muchos le decían que se había enamorado, otros le decían que se había obsesionado. Simplemente era imposible dejar de observarlo, quería pasar el resto de su vida con él, recibiendo su luz y calor. Todas las noches soñaba que lo alcanzaba y que le hablaba, soñaba con el día en que él coincidiera en los sentimientos que ella guardaba por él.

Era un tranquilo pueblo, allí escasamente pasaba algo, no había mucho con lo que entretenerse por lo que Helena dejaba que su tiempo pasara viéndolo a él. Le gustaban sus brillantes brazos cargados de fuerza. Iba a ser medio día, su madre había salido a comprar algunos ingredientes para el almuerzo y ella estaba en la ventana, como de costumbre. Ese fue el día en que su sueño se hizo realidad, no tenia idea que sería la última vez que lo vería.

Que un resplandor naranja haría que ella pudiera alcanzarlo, sus ojos la llevarían hacia el universo donde él se encontraba, vería el último brillo que sus pupilas le permitirían y admiraría los últimos rayos de luz. Ese día él la abandonaría, la cambiaría por otra, ella se sentiría desilusionada. Nunca volvería a mirarla. El mundo se oscurecería por unas horas en las que ella lograría ver las chispas del recuerdo de él, le pediría que regresara, que le dirigiera la mirada otra vez pero cualquier ruego sería inútil. Se quedaría sola y sin consuelo.

Para cuando su madre llegó ya era demasiado tarde, ajena a lo que pasaba dejó las bolsas de compra en la cocina y llamó a su hija.

—Helenita, ya llegué. ¿Viste el eclipse? —no obtuvo ninguna respuesta así que volvió a llamar—. ¡Helena!

Aún sin respuesta, se preguntó dónde se habría metido su hija y se dispuso a ir al cuarto a buscarla. Mientras que, sola en su habitación, Helena solamente podía escuchar vagamente la voz de su madre, incapaz de responder. Se concentraba en no dejar escapar el único recuerdo iluminado que le quedaba, el único que la sacaba de esa oscuridad eterna en la que viviría por el resto de su vida ya que su vista se le había escapado de las manos sin que ella se percatara a tiempo. Allí se quedó, el tiempo congelado, tardó un rayo de luz en darse cuenta que el que más quería la había traicionado. Juró entonces vengarse de aquel que le había eclipsado el corazón y de aquella que se lo arrebató.

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Eclipse

Batido de vainilla

Siempre he visto el cielo como un gran batido de vainilla y la puesta de sol como un melocotón que se derrite. Por eso me inspira tanto mirar hacia arriba cuando el cielo está claro. La mayoría de factores que me hacen escribir poéticamente se encuentran en la naturaleza y en la vida diaria de personas comunes y corrientes pero principalmente en la manta color azul claro que cubre todo el planeta como si estuviera rociado de batido de vainilla.

Batido de vainilla

Estaba sentada en la mesa de una cafetería, su bolso descansaba en la silla que estaba vacía a su lado, la chaqueta encima de él. Su pedido se estaba tardando demasiado, se ajustó los lentes y sacó un libro. Media hora después, la mesera llegó para traerle su pedido. Ella estaba distraída mirando por la ventana, ni siquiera tenía los ojos en el libro, agradeció cuando la mesera se fue y sólo le lanzó una efímera mirada a lo que había pedido.

Una crema blanca consistente y suave con ligeros rayos de salsa de melocotón. Un glaseado azul claro se extendía por el vaso transparente, una atmósfera con chispas rojas y azul oscuro que le transmitía paz. Adornando los bordes había crema azul turquesa y tenía polvo blanco rociando el glaseado. Un pitillo de varios colores se recostaba a uno de los lados del vaso y un cometa centelleaba al otro lado, mezclando todo lo que había en la atmósfera. Había una adorno comestible que parecía de plata.

Parecía que iba a llover hoy pero había una parte del cielo que estaba clara. Parpadeó un par de veces, volviendo en sí. Se quitó los lentes y cerró el libro. Bajó la mirada hacia la mesa apoyándola sobre sus manos y rastreó con los ojos cada una de las cosas que había sobre ella. Por primera vez miró lo que había pedido, un batido de vainilla.

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La tristeza que nunca llegó

No estoy muy inspirada para escribir una introducción pero puedo decir que a veces nos acostumbramos tanto a sentir una emoción específica por alguien, que nos extraña cuando dejamos de sentirla y luego nos forzamos a sentirla de nuevo cuando en realidad todo lo que queda es seguir esperando.

La tristeza que nunca llegó

Sentado en el parque de la calle noventa y nueve, él miraba hacia todos lados en busca de aquella que nunca llegaría. Revisaba el celular en busca de alguna señal pero no había ni rastro. Habían acordado encontrarse allí para arreglar asuntos legales y como siempre, desde que se conocían, era ella la impuntual. Los sauces de aquel parque daban la bienvenida a personas cargadas de alegría pero nunca anunciaban la llegada de la tristeza.

Daba ligeros golpecitos con la yema de sus dedos sobre el espaldar de la banca de madera. No quería pensar que ella nunca llegaría, sin embargo su corazón le ordenaba levantarse y marcharse a casa. Recogió una flor que crecía al pie de la banca, una margarita que trajo recuerdos a su mente de aquello que no se volverá a repetir. Una ráfaga de viento sopló, arrancando de su mano la margarita y llevándose todos los recuerdos junto con ella.

Suspiró con fuerza. Seguía registrando todo el parque en busca del sentimiento que se aproximaba pero era inútil seguir buscando algo que no aparecería. Por un momento lo pensó, la intuición le susurró al oído que no servía de nada seguir esperando. Él no hizo caso, movía su pie rápida y desesperadamente, como si eso acelerara el tiempo.

Un nubarrón cubrió el cielo y él no pensaba rendirse. Esperaba, esperaba y esperaba el motivo de sus futuras lágrimas. Gotas empezaban a caer de las nubes. Y él seguía esperando la causante de sus heridas en el corazón. Un aire frío invadió el parque y justo allí, sentado en el parque de la calle noventa y nueve, él logró ver como ella le entregaba una carta a un desconocido. Con la cara empapada en lágrimas, conversaba con aquel extraño. La tristeza se había equivocado de puerta y el barco que la transportaba había encallado en otras costas. Sólo le quedaba, seguir esperando.

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H2O

El miedo es algo que siempre me ha fascinado, los que me conocen pueden notar cuanto me gusta esa sensación en la vida diaria. Se siente extraño. Te puede obligar a hacer cosas que nunca pensaste hacer y puede tomar total control sobre tu mente…

H2O

El agua era de un azul cristalino y el viento creaba pequeñas olas en la superficie. Se veía fresca, reconfortante, en realidad estaba helada pero era tanto el calor del verano que el pequeño niño llamado Sammy saltó, sin pensarlo dos veces, a la piscina. La baja temperatura impactó en su piel como mil alfileres. Sin embargo, cuando ya se había puesto sus gafas para ver bajo el agua y se encontraba sumergido en las profundidades de la piscina, recordó las advertencias de sus amigos, trucos para asustarlo que habían funcionado perfectamente.

Tiburones nadaban bajo las olas que creaba el viento sobre el agua, las medusas buscaban algo fácil de atacar y miles de ballenas asesinas rodeaban otros animales marinos que, ajenos al peligro, nadaban tranquilamente. En el suelo se encontraban pepinos y estrellas de mar, encerrados en su propia realidad. Sammy miraba con asombro y cierta inquietud el escenario que se presentaba frente a sus ojos.

Las criaturas marinas, temibles, pasaban a su lado sin percatarse de su presencia, como salidos de su imaginación. Sammy intentaba subir a la superficie pero unas algas lo mantenían atrapado en el fondo. Por más que intentaba nadar hacia arriba, las algas lo halaban hacia abajo. El movimiento no hacía más que atraer a los tiburones y a las ballenas asesinas que por allí rondaban. En cuestión de minutos, Sammy se veía rodeado de animales salvajes y peligrosos. Éstos se acercaban a gran velocidad para atacarlo y las algas que apresaban sus tobillos no cedían. De repente, todo se oscureció como en un apagón. Lo último que recuerda Sammy son mandíbulas abiertas y cientos de dientes acercándose hacia él.

Una tos salió de los pulmones de Sammy. Logró reconocer vagamente a algunos de sus familiares y amigos alrededor de él. No paraba de toser mientras sus pulmones soltaban todo el agua como un regadera. La voz preocupada de su madre retumbaba en sus oídos mientras salía, poco a poco, del estado de confusión en el que se encontraba.

Samuel saluda desde la orilla a sus dos hijos, quienes juegan con la pelota en la piscina. Su hijo mayor le hace señas para que entre, Samuel intenta disimular su repentina angustia y se sienta en una hamaca haciéndole señas a su hijo para que espere. Las manos le tiemblan y el corazón se le acelera al ver el líquido azul cristalino, sobre el cual el viento crea pequeñas olas. El miedo se refleja en sus ojos bajo las risas de aquellos que una vez le dijeron que la piscina está plagada de peligrosos animales marinos.

Insomnio

Nada agradable… lo digo por experiencia propia. Es un sentimiento de ahogo, de impotencia, de desesperación. Todo por no poder dormir, haces de todo para intentar conciliar el sueño y nada resulta. Te cansas de contar ovejas, se te acaba la leche y la miel y aún así no consigues tu objetivo. La horas pasan, el reloj te traiciona, se alargan los terribles segundos. Y parece tan insignificante al decirlo: no puedes dormir. Algo te lo impide, te frena de cerrar los ojos y soñar pero no sabes qué es…

Insomnio

La noche invadió a través de sus cortinas cerradas, cautelosa. Con un profundo dolor había comprobado que todo seguía silencioso y oscuro. Los recuerdos borrosos de un sueño imposible atormentaban sus pensamientos entre la penumbra de su habitación. Había escapado del sin sabor de una habitual pesadilla que dentro de su mente era un sueño. Por un momento se avergonzó de que pudiera haber hablado dormida y de que alguien la pudiera haber escuchado. Otra vez él, dentro de su mente, infiltrado en los rincones más recónditos de su cerebro.

Lo tenía cerca, en una tarde de verano radiante, con una magia que acariciaba el ambiente que los dos compartían. Un abrazo intenso, lleno de cariño que envolvía todo el espacio alrededor de ellos. Los dos se fundían en un momento tierno, él la apretaba contra sí, con dulzura y a la vez con fuerza. Ella apoyaba su cabeza en el hombro de una ilusión que le rompía el corazón todas las noches.

No lograba recordar nada más, el resto estaba distorsionado. La amargura de la oscuridad en la noche se cruzaba con el dulce sabor del sueño y creaba una mezcla indefinida de sentimientos. Se bajó de la cama, incapaz de dormir otra vez. Abrió el cajón de su escritorio y releyó todas las pequeñas notas que él le había dado, todas con un toque ligero de simpatía. El reloj marcaba las cuatro de la madrugada y no se escuchaba ningún ruido cerca, ni siquiera el camión que usualmente sacudía el suelo con su peso. Lo único que lograba escuchar eran sus pensamientos que en eco gritaban un nombre. Con esa sensación agridulce regresó a la cama e intentó cerrar los ojos para dormir.

De repente entraba una sombra a la que nunca lograba verle la cara, la causa de sus pesadillas, la que la hacía sufrir a cantidades con solamente su presencia como arma. Las lagrimas mojaban la almohada de funda azul claro mientras las cobijas se resbalaban de la cama. Lazos fuertes hechos de celos se enredaban en su cuello, la incertidumbre había vuelto a atacar y ésta vez no dejaría escapar a su objetivo. Cinco de la madrugada, la alarma del reloj empezó a sonar pero ella no la escucharía pues estaba sumergida en el lugar que alguna vez ocupó el remoto recuerdo del dueño de su insomnio.

Miopía

Este fue uno de los primeros relatos que escribí, espero que lo entiendan y sobretodo, que lo disfruten. Aquí no parezco muy experta escribiendo ya que todavía era principiante y apenas estaba descubriendo lo que podía hacer.

Cuando hablo de miopía no me refiero sólo a la anomalía que mucha gente (incluyéndome a mí) tiene en los ojos, en este texto la palabra miopía cobra muchos significados. Algunos claros, otros no, el simple hecho de utilizar la imaginación puede hacerte cambiar de definición algunos conceptos.

Miopía

Un borrador elimina la nitidez de las imágenes sin piedad alguna. Arriba un tejado azul y abajo una alfombra verde. Siluetas de diferentes colores caminan a su lado y sin saber a quien, saluda a izquierda y derecha. Va caminando confiando en su oído más que en sus ojos. Después de las manchas que dejó el borrador al pasar, vinieron los garabatos escritos por una voz familiar pero una figura irreconocible. Miró hacia ambos lados para descifrar el significado de los jeroglíficos pero todos entendían un lenguaje que le era imposible leer.

Salido de un atardecer, un girasol ciego giraba hacia la sombra. No lograba mantenerse en su tallo y constantes gotas de agua caían sobre pétalos que se arrancaban lentamente. Manchas rojas de una rosa destrozada salpicaban las páginas de su historia. Un corazón de espinas suplicaba sin saber que no llegaría ninguna respuesta y que los vidrios atravesados en cada suplica no podrían construir ventanas que le permitieran ver claramente. La vida corrió y nunca logró ver nada gracias a la venda que cubría sus ojos. La soledad visitaría su casa pronto para darle la mala noticia, consecuencia de su ceguera.

Los llamados de otra voz gritaban su nombre. No lograba ubicar el lugar del que provenía pero tenía una distorsionada idea del remitente. La noche quebró sin darse cuenta de que también quebraría los cristales maltrechos de un canto nocturno dramático. La vida se escapaba del lugar por culpa de los que allí no habitaban. El color se desvanecía en el aire con pigmentos de lo que nunca se pudo arreglar.

El ruiseñor parado en la rama más alta entonaba su canto hacia las nubes que se movían sin prestar atención. El pasto se inclinaba hacia el lado contrario y las orugas cerraban su capullo para convertirse en las mariposas que estaban destinadas a ser. Un canto dolido llenaba el viento de melancolía. Indescifrable, sin razón alguna e incomprensible para los que no se detenían a entender que unas simples notas musicales podían llegar a ocupar más que una escala.

Una burla, una risa, un llanto. La euforia de la vida se ve cubierta por una dificultad. Queda adivinar que vendrá después, sin la certeza de que la predicción será correcta y sin poder saberlo. Como la película en las ventanas de un carro, logramos ver hacia fuera pero somos incapaces de mirar hacia dentro. De hilos pende un futuro, acompañado de luces azules y borrosas que entran a través de una ventana pero que aún no logramos observar por nuestro grave caso de miopía.

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Tomado de: url